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Samkhya yoga


  Mi reencuentro con el Yoga es como el regreso al hogar después de un exilio voluntario. Cansado de las malas traducciones e interpretaciones de los aforismos de Patañjali me había desterrado al budismo. Hay más literatura de calidad en español e inglés sobre la meditación budista que sobre el yoga no budista..

Hasta que descubrí a Óscar Pujol, Raquel Fernandez Formoso, Edwin F Byrant y mi admirado Swami Hariharānanda Āraṇya. Con ellos he podido recuperar el interés por una forma de Yoga que me resulta afín, el Samkhya-Yoga.

No soy persona de devoción y el monismo del vedanta me resulta mucho ruido y pocas nueces. Demasiada literatura y especulación para concluir en esa identidad atman-Brahman tan fácil de reducir al absurdo.

Me parece más práctico partir de donde se esta, y ese lugar es la de una experiencia dualista. No importa si el dualismo es ilusorio porque un punto de partida basado en la experiencia ingenua es más sencillo que uno que se base en complejos andamiajes filosóficos o en aceptar premisas contrarias a la experiencia ingenua.

Es un desafío traducir enseñanzas creadas en una lengua muerta de hace entre mil quinientos y dos mil años; y no menos desafío preservar las enseñanzas de contaminaciones. Seguimos encontrado a personas que dicen seguir las enseñanzas de Patañjali y que, acto seguido dicen que el Yoga es la unión del alma con Dios, algo que de ninguna manera se encuentra en las enseñanzas de Patañjali. No sólo no se encuentra que el yoga sea unión con Dios, sino que le meta del Yoga es el aislamiento del purusha, no la unión.

Incluso la mención a Ishvara en los Yoga-sūtra es poco congruente con los enfoques del yoga devocional. Ishvara no es el creador, no se dice que haya que ofrecer incienso o rezar y se define de un modo que evoca más un modelo inspirador de consciencia silenciosa e imperturbable que un padre amoroso que salva a sus hijos fieles.

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