Sin buscarlo, en medio de una práctica cualquiera. Quizá en el dojo durante el entrenamiento de karate-do, la eternidad se asoma de instante en instante. El tiempo que el reloj marca es una ficción poderosa que amarra a miles de millones de personas.
La eternidad no es utilitaria ni liberal. Es el fondo y sustrato de la existencia transmundana qye ocultan los velos de la socialización.
Las personas de nuestros días viven en la esclavitud de tiempo de reloj, creado a la medida de los intereses de la producción y el consumo.
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